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Descripción de un viaje a Canudos

Por: Juan Recchia Paez°

Juan Recchia Paez, enviado especial de Transas, narra cinco días intensos en el corazón del sertão bahiano a propósito de su participación en la 3° Feria Literaria Internacional de Canudos en agosto del 2022. Investigación, fiesta y misterio llenan la distancia entre sus lecturas, sus viajes y el territorio en el que, a finales del siglo XIX Antonio Conselheiro y sus seguidores lucharon contra la república brasileña.


DIA 1.- “Seamos simples copistas” (Euclides Da Cunha)

Vengo estudiando el caso de la guerra de Canudos y sus múltiples textualidades desde hace ya más de ocho años y no haber conocido nunca el “teatro de operaciones” (como lo llamó Euclides da Cunha y muchos otros militares republicanos) era una especie de deuda pendiente o de falta que solía avergonzarme. Sin embargo, tomar la decisión de viajar a Canudos no fue tarea fácil.

Había intentado, en otras dos o tres ocasiones, llegar al sertão bahiano y por diferentes motivos nunca lo conseguí. La primera vez que entré a Brasil fue en un viaje de mochilero, navegando por el río Solimões (el río amarillo como le llaman en buena parte de la cuenca al Amazonas), había cruzado la triple frontera y entendía muy poco del idioma. Viajaba solo y aprovechaba los meses sin trabajo y sin noviazgo para darle una vuelta al continente. Fueron muchos días de andar por lugares inesperados en todo tipo de transportes y en un país que me era casi que totalmente desconocido. Había pasado carnaval en Olinda y viajaba en colectivos desde el norte que solían demorar hasta tres o cuatro días en llegar a destino. En uno de ellos, luego de ya casi dos días de viaje, mientras anochecía y entrábamos por entre las favelas y los morros de una gran ciudad (en su momento desconocía hasta los nombres de las capitales nordestinas), me quedé profundamente dormido y me pasé del destino previsto. Tengo el leve recuerdo de estar sumergido en una noche de cielo limpio y muchas casas, de pasar a velocidad rápida por entre los frentes de ladrillo y chapa, por entre la vegetación escasa donde parecían moverse figuras casi fantasmales y finalmente, la sensación profunda de caer en el sueño de la favela. Cuando desperté, ya habíamos pasado la gran ciudad y tuve que bajarme en mitad de la ruta cerca de una terminal rodoviaria. Pedí a la empresa un resarcimiento económico y seguí viaje hacia el sur. No pude saber ni por asomo dónde estaba Canudos en la inmensidad del sertão bahiano que parecía plegarse sobre sí mismo cada vez que me acercaba a conocerlo.

El segundo intento fue cuando estaba viviendo y trabajando en Minas. El último mes había llegado Candela, mi pareja, a visitarme y aprovechamos para dar un rolé por la costa de Bahía. De playa en playa andábamos despreocupados y enamorados en modo vacaciones argentinas por todo el litoral sur. Nuestro último destino era el interior del Estado, queríamos pasar por la Chapada y aprovechar para acercarnos a Canudos. Hicimos conexión de buses en Feira de Santana donde pasamos un día entero esperando el viaje. Nos subimos cansados y dormimos toda la noche en el colectivo. Bien temprano, cuando llegamos a un pueblo para hacer escala y revisamos la billetera para tomar un café, nos habían robado todo mientras dormíamos. Un ladrón experto había hurtado de nuestras mochilas todo el dinero, tarjetas y pasaportes sin dejar rastro de nada. Perdidos en un pueblo del interior cuyo nombre no quiero acordarme no tuvimos más remedio que, gracias a la ayuda que nos dieron otros pasajeros, volver directo a Minas para tramitar documentos, pasaportes temporarios, pedir dinero a los amigos de allá y regresar con lo puesto, nuevamente, al sur.

El sertão estaba jugando para hacerme abandonar pero, así como fueron muchos los peregrinajes en busca de Canudos, yo no me iba a rendir, y entonces apareció esta tercera chance. Me encuentro viviendo en San Pablo desde hace ya unos meses, vine a terminar mi doctorado y fui invitado a participar en la conferencia internacional de cierre de la FLICAN (Feira Literaria Internacional de Canudos) que comienza mañana mismo en las instalaciones del Campus Avanzado de Canudos que coordina la UNEB (Universidade Estadual de Bahia).i Fueron, hasta ahora, muchos intentos fallidos por llegar al sertão canudense desde diferentes destinos. Hoy por la noche tomaré un bus desde Salvador y, siguiendo las indicaciones de las coordinadoras del evento, intentaré llegar de madrugada al denominado “nuevo” Canudos. Allí me esperan colegas que sólo conozco por e-mails y por breves intercambios telefónicos. Daremos una conferencia en el mítico “Alto da Favela”, lugar desde el cual se comandó la operación de exterminio que aniquiló a la población y, luego de cuatro campañas militares republicanas, destruyó el arraial rebelde en 1897. Ese espacio dio el nombre con el que hoy en día se conocen a las comunidades que habitan los márgenes urbanos de las grandes ciudades brasileñas.

En la distancia que se abre entre las lecturas y el territorio, viajo en colectivo de madrugada a toda velocidad por entre la caatinga. Siento que llevo un registro precario del viaje: voy anotando apuntes dispersos en un cuaderno que me regalaron, mis fotos no son buenas porque el celular también es prestado, saqué el pasaje de avión con los últimos ahorros del mes y fui durmiendo en casas de amigos para ahorrar estadías. Este no es un viaje de turista a un territorio desconocido, pero sí hay una distancia insalvable que me define como investigador extranjero en estas tierras. Intento trazar una línea recta entre los mapas que vengo recolectando pero al final no puedo más que dejarme llevar por los infinitos pliegues que demarcan el territorio del sertão.

DIA 2 – “O sertão é dentro da gente” (Guimarães Rosa)

Luego de viajar seis o siete horas y de varias paradas por la ruta de Uauá, llegamos de madrugada a Canudos. Al bajar del colectivo conocí a Bia y a Anderson que trabajaban como traductores de lenguaje de señas para el evento y venían en el mismo viaje. Un conductor asignado de la UNEB, quien luego pasaría a ser un compañero de copas por las noches, nos estaba esperando en la parada del bus. “Esto no es común acá – se reía mientras agarraba nuestras maletas y las guardaba en el baúl – no se asusten con este frío”, dijo y nos subió rápidamente al auto. Recorrimos los dos o tres hoteles del pueblo hasta encontrar la posada que teníamos asignada, compartí hospedaje con los traductores durante los días en Canudos.

En toda la ciudad se podían distinguir carteles y afiches de la FLICAN, al menos tres escenarios y palcos montados para el evento que estaba apenas comenzando. Cuando ya asomaba el sol entre la noche estrellada subimos la cuesta hacia la posada y el conductor nos contó una versión victoriosa de la historia del pueblo. Me hice el desentendido para escucharla: “ese es el famoso açude de Cocorobó que se hizo luego de la guerra y fue para sepultar bajo agua la evidencia de cómo Canudos derrotó a la República varias veces. Acá mataron hasta a quien iba a ser candidato a presidente de la República, el coronel Moreira César.” Entonces sí, había llegado, definitivamente, a Canudos.

La vista desde la posada era increíble, situada en la cima de un morro, un emplazamiento original donde se habían instalado los trabajadores que construyeron la represa de Cocorobó, se podía ver desde ahí arriba el gran lago que llenó de agua las laderas del río Vaza-Barris. El brillo de las aguas en la madrugada se mezclaba con los tonos lúcidos y desafiantes del sol que comenzaba a salir en el horizonte. Dormimos apenas unas horas y nos despertamos temprano para el desayuno.

En el desayuno conocí personalmente a Leopoldo, a Luiz Paulo y a Berthold tres grandes investigadores de “todo este asunto Canudos” como solíamos nombrar la guerra en los e-mails que habíamos intercambiado. Entre porciones de sandía y queso coalho le comenté a Leopoldo que estaba asombrado sobre cómo la geografía era mucho más sinuosa de lo que contaban los libros, en mi imaginación los había leído como morros mucho más bajos y planos. Leopoldo que había estado varias veces en la región, me comentó: “los cordones montañosos estos, por el lado de Serrinha, cortan los vientos húmedos y provocan la seca en la región. Hay un trabajo arqueológico bastante reciente sobre las ruinas del Campus que puede interesarte, yo, cada vez que puedo, vuelvo aquí persiguiendo los hilos latentes de mis investigaciones pasadas. Yo empecé con Euclides da Cunha, pero es un mundo que cuando empezás a tirar de un cordel, no termina más, Canudos es infinito”. Así charlábamos mientras nos subíamos al auto de la UNEB camino al Memorial donde estaban por comenzar las mesas del encuentro.

El «nuevo» Canudos es un pueblo en pleno crecimiento y no muy grande. En menos de cinco minutos atravesamos el centro, tomamos por la avenida principal y llegamos al estacionamiento de lado del parque del Memorial Antonio Conselheiro. Bajamos a pie entre varios colectivos escolares que estaban estacionados y atravesamos el arco que daba inicio a la feria. “Este tipo de arcos me encantan -me comentó luego Luiz Paulo, uno de los organizadores del evento- lo hice poner acá porque quise señalar un marco ejemplar para nuestras actividades, me recuerda al arco del triunfo”.

El arco daba la entrada a una calle empedrada sobre la que se habían montado carpas blancas a modo de stands en las que se vendían todo tipo de productos regionales y se publicitaban los núcleos principales de estudio del Campus Avanzado de la UNEB. En pleno horario escolar, avanzábamos con Leopoldo entre niños, niñas y jóvenes que en grupos pequeños pasaban corriendo y se abalanzaban de puesto en puesto. Remeras, libros, revistas, posters, afiches, tejidos, panfletos, sombreros, mermeladas, dulces, comidas caseras, había de todo en la feria. Entre los stands había unos muy llamativos tipo feria de ciencias, donde se mostraba, por ejemplo, el núcleo de robótica que desarrolla sus tareas en el Campus; otros puestos homenajeaban a la figura de Adriano Suassuna; también había varias editoriales locales y centros de estudio como el IPMC (Instituto Popular Memorial de Canudos).

El recorrido circular de la feria llevaba a los visitantes directo a una gran carpa de circo que se había montado entre el Memorial y el Museo João de Régis. La mañana estaba soleada, fresca y agradable, eran las 8am y no paraban de llegar colectivos cargados de visitantes que se iban acomodando para asistir a los coloquios. Las salas donde estaban empezando las mesas del coloquio se armaron en un auditorio dentro del Memorial y dentro de una carpa de circo gigante que coronaba la calle de las ferias.

Para hacer tiempo antes de que comenzara la primera mesa, con Leopoldo, visitamos las fotografías históricas de Flavio de Barros y de Evandro Teixeira. Tanto en el Memorial como en el Museo suele haber muestras permanentes de artistas, fotógrafos, una exposición de mapas y material rescatado de las ruinas de la guerra. Charlábamos sobre la instalación teatral de Paulo Dourado “Canudos- A Guerra do Sem Fim” (1993) cuando nos detuvimos frente a la escultura “A Matadeira”, una obra realizada con gomeras y nidos de horneros.ii Frente a ella se exponían restos arqueológicos de la guerra sobre los cuales Leopoldo sentenció: “Estas balas tal vez sean de la verdadera Matadeira, el emblema de la tecnología militar durante la campaña”. Más tarde encontramos las mismas balas en el restaurante donde almorzamos al mediodía. La Matadeira fue una de las máquinas de guerra más famosas de la contienda ya que con su cañón de 32mm bombardeó y destruyó las iglesias del viejo Canudos, panteón del líder rebelde Antonio Conselheiro. Así como encontramos muchas balas de la Matadeira, abundaban por toda la ciudad representaciones del beato: en los carteles de la FLICAN (simil grabado con un libro en mano), en la puerta del restaurante (para la foto turística o de folcklore local), aquella otra escultura en el centro del Memorial de más de tres metros de altura tallada en madera con el gesto al cielo, entre muchas más. En el Museo y en los comercios de la ciudad, estas tecnologías de guerra se transformaban en objetos artísticos como si, de una manera particular, nos estuvieran traduciendo el acontecimiento histórico en un lenguaje extraño y evidente al mismo tiempo. Un lenguaje que nos llevó, en varias ocasiones, a contemplar en silencio los vestigios de la guerra.

Ese silencio con el que presenciábamos las escenas más tétricas de la guerra se quebró de golpe cuando empezó a tocar una banda de música popular en las inmediaciones del Museo. Mientras en el auditorio las autoridades de la UNEB daban inicio a la jornada, de fondo resonaba y se escuchaba la música en vivo tocada por varios grupos que iban transitando por toda la feria. Figuras populares y bandas de repentistas iban y venían por toda la calzada. Ritmos mezclados como caipira, maracatú, capoeira y canciones populares de Patativa do Assaré eran declamadas y entonadas en voz alta. En el centro de la carpa de circo, la figura que conducía toda la fiesta era el cordelista Jackson de 52 años. Con su mujer habían llegado a la FLICAN para mantener la intriga y sostener la expectativa del público entre conferencia y conferencia. Jackson fue recitando de memoria muchos poemas y cordeles que la gente le pedía a los gritos entre mesa y mesa. Se vestía especialmente para cada exposición y levantaba en alto la bandera del teatro como expresión cultural propia.

“¿Esto es una conferencia o un carnaval?” me dijo sonriendo Anderson, uno de los traductores, mientras íbamos entrando en la carpa de circo para escuchar la mesa seis esa misma tarde. Desde la calle empedrada venía tocando una banda “de 120 años” según decían sus propios músicos que con las manos arrugadas pero firmes sostenían marcando el ritmo de un forró. Sus instrumentos eran tambores de madera, parches de cuero y flautas con los que cantaban las melodías más conocidas por todos, como la infaltable “Asa branca”. De entre el público apareció una niña de apenas siete u ocho con una pianola en mano. Jackson que estaba dirigiendo la escena enseguida la invitó a subir al escenario mientras instaba a todo el público a ubicarse en las sillas. La niña se subió y cantó dos canciones acompañada por los viejos músicos. La aclamación de los presentes se acaloraba en cada canción. Mientras tanto, por detrás, sobre una mesa, se acomodaban las tres profesoras que desarrollaron la conferencia “A escrita de mulheres na cena literaria baiana”.

Ocurrió en más de una de las mesas de ponencias que los y las convidadas que estaban exponiendo confundieron, en breves lapsus, otros nombres con el de Antonio Conselheiro. En varias ocasiones se señaló el error en voz alta y viró un comentario chistoso para todos los presentes. El evento de cierre previsto para la Feria era la inauguración de una nueva estatua de “el líder rebelde” ubicada en el Campus. ¿Qué tipo de imaginación activa la FLICAN sobre Antonio Conselheiro? Era una de las preguntas que aparecía reiteradamente en las charlas con los locales y con los investigadores invitados. La imagen del beato parecía repetirse en su singularidad en cada uno de los rincones del pueblo.

Leopoldo me compartió su preocupación sobre cómo en este contexto educativo se estaría recibiendo y forjando la figura de Antonio Conselheiro. Mientras charlábamos esto, de fondo, distintos grupos coloridos nos invitaban a danzar, cantar y hacer una ciranda. Para Leopoldo es importante retomar una racionalización de la figura que no permita un culto o mistificación en las generaciones más jóvenes. Al día de hoy, en un arco que va desde el logo de la FLICAN hasta las versiones en miniatura que los negocios de la ciudad venden a los turistas, la figura de Antonio Vicente Maciel sigue siendo un ícono altamente identificable que opera como metonimia de la guerra y de la resistencia del pueblo. La invitación a la danza y el baile se impuso al punto de distraer nuestra conversación. El ritmo de la ciranda se fue transformando y en el medio de la roda se saludaron dos jóvenes que enseguida comenzaron a practicar capoeira. Todos acompañamos con palmas cantando los refranes de las canciones y mirando atentamente las luchas que se bailaban entre los jóvenes. Sonreí para el cordelista Jackson que estaba de mi otro lado, él me miró y me dijo al oído “já falou Guimaraes Rosa, o sertão é dentro da gente”.

DIA 3.- “A linguagem tem que dar vida a esses fatos”

El tercer día nos la pasamos asistiendo a las diversas mesas de exposiciones y conferencias. El programa de la FLICAN era muy completo y contaba con muchos invitados y homenajeados. Por la mañana, entramos en el auditorio y estaba hablando la rectora en una mesa sobre los 180 años del Consejo de Educación de Bahía. Para un público de edades mezcladas, la rectora expuso programas y vínculos entre la universidad y la escuela y entre la universidad y las coordinadoras sociales que fomentaban articulaciones “educacionales, científicas y culturales” en toda la región. Puso como ejemplo los cursos de formación de profesores consolidados en todo el Estado. Desde 1986 que la UNEB viene construyendo y montando este gran centro de estudios en Canudos.

Asimismo, las oradoras expusieron las dificultades históricas de construir una universidad volcada al pueblo en una región con una fuerte historia colonial y con la tradición de elites terratenientes que habían fundado las academias regionales. “La construcción del Estado brasileño fue antieducativa. -señaló Paulo Gabriel en la mesa- Fue hecha por la fuerza durante el período de contrareforma europeo. Un proceso que no resolvió el drama de la esclavitud. La educación fue utilizada como un instrumento de separación de demarcación y no de unión o de integración del país.” Y en un acto de respuesta Luiz Paulo (el último orador de la mesa) citó el artículo 25, resolución 137 inciso 9 del Consejo de Educación de Bahía que recomienda estudios obligatorios sobre “luchas y resistencias” en los currículums educativos del Estado.

Por la tarde, la mesa sobre el aniversario de las Ligas Componesas comenzó citando el poema “Na cilada do sistema” del poeta ruso Maiakosvky. Esta fue una de las mesas donde se invitaron a militantes a actualizar, desde lo contemporáneo, buena parte de los combates en Canudos. El representante del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) contó cómo se organizaba el campamento “Belo Monte” que lleva ese nombre en homenaje a la figura del Conselheiro. “El objetivo es la tierra pero también la reforma agraria y sobre todo la transformación social. Muchos dicen que nosotros invadimos las tierras pero no es así nuestro derecho está en la Constitución. Y por ese derecho luchamos hace 35 años. Yo estoy aquí como ingeniero agrario gracias a este movimiento. Producimos más de 92 toneladas de alimento aquí en Jeremboabo. Con alimentos, educación y salud el nuestro es un proyecto de futuro popular para el Brasil.” Señalaba Antonio Marcos Silva parado desde la mesa donde le tocaba exponer en medio de la carpa del circo: “Somos uno de los mayores productores de banana en la región y uno de los mayores productores de arroz orgánico en todo Brasil. A diferencia de los procesos de concentración que están en aumento en la cuenca del Vaza-Barris, nuestra militancia busca mudar las formas de vida del campesinado local. Usamos el agua del Vaza-Barris para volver productiva grandes extensiones declaradas como tierras improductivas. Nuestras ocupaciones se manifiestan en contra de las políticas extractivistas del agronegocio al que responden las políticas nacionales hoy en día. Esta es una tierra muy rica de informaciones, espacios de diálogos y de resistencias.”

Por la noche, la última actividad de la jornada fue la presentación en el auditorio de la exposición de Berthold Zilly sobre sus traducciones al alemán de las obras de Euclides Da Cunha. El auditorio estaba repleto de hombres, mujeres y niños recién bañados, perfumados, maquilladas y muy bien vestidos. Vi a varias de las personas entrar apresuradas y acaloradas desde la feria para tomar asiento, expectantes de las palabras del alemán. Quien, presentado por Leopoldo, comenzó hablando de la tarea del traductor como una labor de transformación entre dos identidades no idénticas, “una transformación que busca lo mismo pero diferente”, dijo, “porque traducir, es también contextualizar”. Esas palabras me dejaron pensando en mi situación, allí sentado entre el público diverso. En mi caso, los organizadores del evento me habían contactado el año pasado en un encuentro vía zoom para presentar mis estudios sobre las publicaciones de la prensa internacional “al calor” de los acontecimientos bélicos hacia 1897. En este viaje fugaz e intenso, pareciera haber algo de todo aquello que he pensado como “proximidad distante” que me ubica en un lugar presencial particular. No dejo de pensar que desde que llegué a la ciudad fui recibido junto con los traductores. Hay algo que me acerca y algo que me mantiene a distancia: en medio de todo eso sigo escuchando al traductor alemán.

Berthold, cálido y pausado, nos fue contando sus caminos por los cuales conoció la obra de Euclides. Habló del carácter ambivalente de la obra Os Sertões y desplegó un punteo de las dificultades de la traducción: “el buen traductor opera viendo no lo que él quiere ver si no lo que está ahí presente, en el texto, en la realidad”. Comparable con el infierno de Dante, sugirió Berthold que también reivindicó a la figura de Sarmiento, son estas obras que pretenden combatir el mal con la civilización. “Euclides nos atrapa y nos lleva al sertão, al igual que el sertão atrapó a Euclides, al igual que sus lecturas nos llevaron y nos trajeron hasta acá”, continuó exponiendo Berthold. “Yo no deseo ir a Europa, deseo ir al sertão” citó Berthold, de memoria, una carta de Euclides.

El estudioso alemán en su conferencia se detuvo, también, en las operaciones que los hermanos Campos hicieron con la prosa de Euclides cuando la transcribieron en forma de poemas versificando sus narraciones. Este trabajo tenía el antecedente de una fotógrafa irlandesa que “poetizó” fragmentos de Os Sertões al fotografiar selecciones de sintagmas, oraciones y palabras. Berthold nos contó que a partir de ese experimento traductorio, él mismo no fue que escribió su traducción del libro al alemán sino que “habló” la traducción del libro. La fue dictando, de joven en los años noventas, en un grabador y la guardó en casettes que al día de hoy conserva. “Y así fue que apareció el ritmo (¿acaso lo más importante de toda traducción?) de una oralidad poética que necesitaba contarse para aparecer, estaba ahí como dormida en la escritura”, explicaba el escritor alemán. Hacer esto, según nos contó, no fue una tarea nada fácil y le costó a Berthold una discusión importante nada menos que con el creador del Teatro Oficina, Ze Celso, quien, en una puesta teatral en Berlín, no quiso usar sus versos traducidos literalmente porque le resultaban muy pesados para sostenerlos en la actuación. Como si la oralidad poética del sertão fuera imposible de ser traducida y escribir sobre este “teatro de operaciones” fuese una operación muy pesada para contarla literal.

DIA 4 – “Só sei que foi assim” (Ariano Suassuna)

Coincidió que el cuarto día del evento fue también el día de mi cumpleaños. Por la mañana madrugamos una vez más para llegar temprano a las primeras mesas. Entre la programación se preveía la exposición de Leopoldo, una mesa de la profesora y crítica literaria más famosa sobre Euclides da Cunha y en el corolario de la jornada se iba a presentar una caminata cultural por todo el pueblo con la proyección final de un film en homenaje al escritor Ariano Suassuna.

Las mesas de la mañana fueron bien interesantes y mezclaban diferentes miradas sobre las narraciones de la guerra y sobre la actualidad de la lucha campesina en el territorio de Canudos. La lectura humanista de Leopoldo puso en escena las contradicciones propias del texto de Euclides Da Cunha. Según el crítico brasileño que trabaja en California, los cambios en los modos de pensar de Euclides fueron anteriores a la guerra, y no sólo se produjeron en la experiencia bélica personal de Euclides sino también en sus tiempos libres que los ocupaba como lector de obras literarias. Estas ideas de Leopoldo me recordaron el comienzo del documental filmado por Tristan Bauer sobre Ernesto “Che” Guevara, donde se presenta al revolucionario latinoamericano icónico como, antes que todo, un gran lector. Guevara en medio de la selva boliviana leyendo a Goethe. Euclides en medio de la guerra leyendo a Dante. Leopoldo leyendo, en medio del sertão, fragmentos de Euclides y de Ortega y Gassett.

Al terminar la exposición de Leopoldo, apareció Jackson, el repentista, para llenar de versos el espacio entre expositor y expositor. Muy entusiasta entretenía al público mientras los técnicos preparaban la próxima video conferencia. Esta vez recitó, de memoria varios versos sobre la labor del artista en la sociedad contemporánea. Comenzó con “Existimos? O que será que se destina” de Torquato Netto que se hicieron famosos por la canción de Caetano Veloso, y continuó con “Os grandes Conselheiros” de Gregorio de Mattos. Una mujer de entre el público le pidió gritando el poema “Navío negreiro” de Castro Alves. Jackson lo recitó entero, se emocionó y dejó caer unas lágrimas sobre el final.iii

Vino luego la conferencia de la gran critica metropolitana sobre Canudos. Yo la esperaba con ansias ya que antes de viajar le había escrito un e-mail, pero al parecer, era una mujer tan ocupada que no tenía ni una hora libre para tomar un café. Su exposición en la FLICAN llevaba el único título que nada tenía que ver con Canudos y reponía una versión sobre la semana del 22 (evento que se estaba festejando en San Pablo en casi todos los espacios culturales, pero que, en Canudos parecería no interesar mucho).

La propuesta de la investigadora consistía en realizar una exposición en videoconferencia desde su casa en San Pablo (y con una computadora personal que apenas tomaba audio con una imagen paupérrima), pero en el momento de la proyección en el anfiteatro las fallas tecnológicas asumieron el protagonismo. Así como falló la Matadeira en el momento de bombardear la “urbs monstruosa”, la comunicación con San Pablo se hizo imposible. Aunque los organizadores intentaron varias veces reestablecer la conexión, la investigadora apenas se veía en la pantalla y no se oía casi nada de su voz. Los traductores de lenguaje de señas estaban fastidiados porque era imposible traducir a la paulistana. Ella desconocía lo que ocurría del otro lado, en verdad, parecía, casi no importarle: sólo leía su presentación en un tono monótono. Lo cual terminó cuando, de repente, el audio provocó un acople muy fuerte que nos ensordeció a todos. El público emitió un quejido unánime y toda la sala, en un movimiento conjunto, se levantó y salió hacia la feria, dejando atrás a la investigadora que seguía hablando sola palabras inentendibles frente a un auditorio vacío.

Jackson retomó el micrófono para dar un cierre mientras los técnicos buscaban mejorar la conexión. Trajo a mención el poema “Vigilia” de José Delmos donde el artista se concibe como un guardián de la memoria del pueblo contra la escritura oficial de la Historia. “Si no vigilamos la vida, ellos escribirán la historia” recitó Jackson y sentenció la escena con una frase muy potente: “Esta fiesta literaria es como un arma que está a nuestro alcance y así la estamos viviendo. Reviviendo la tarea artística frente a la realidad que nos aqueja donde leer es como caminar. Miramos pero no llegamos, ultra-pasamos las lecturas porque así es que se camina en el sertão, como en un piso pedregoso.” Allí parecían resonar los versos de João Cabral: “andamos como en un piso minado, que se desmina paso a paso”.

Cayó la tarde y, con los traductores, encaramos de regreso al Canudos Palace Hotel donde nos habían reasignado habitaciones para quedarnos los últimos días. Apenas salimos conté que era el día de mi cumpleaños y, a la pasada, compramos unas porciones de torta en los puestos de la feria y brindamos con los organizadores del evento con bebidas artesanales. En el camino de regreso fuimos a la par del desfile programado como “Ato estético-político cultural: caminhando e cantando – visitantes e população em geral, irradiando e fazendo incorporar o tema do evento, no percusso da Avenida Juscelino Kubitschek”. Cuando paramos a brindar, nos alcanzaron por detrás muchos de los grupos que, muy llamativamente disfrazados, desfilaban por la calle.

Esa noche fuimos a comer con Berthold, Leopoldo y Lea, una colega bahiana. Compramos un vino en el supermercado y llegamos al restaurante de enfrente de la plaza de la feria. Una señora muy amable dijo que nos prepararía unos platos de bode para que todo el mundo comiera. Sentados, nos la pasamos charlando sobre cómo era ser profesor en Argentina, en Brasil y en Estados Unidos: cuánto se pagaba de salario en cada lugar, cómo eran las horas de clase, el perfil de los y las estudiantes y las dificultades actuales en las salas de aula. Hablamos también de la coyuntura política y siempre se repitió la misma pregunta difícil de responder: ¿Y en Argentina qué está ocurriendo ahora? La seguimos con el morfi y la charla hasta que cerró el restaurante. Antes de salir, al levantarnos de la mesa, Leopoldo se despidió con una frase que de alguna manera sentenció el por qué estábamos ahí en la FLICAN. Era algo así: “al fin y al cabo, lo que nos toca es luchar para cambiar las cosas, por eso somos profesores, ¿no?”.

De regreso al centro de la ciudad comenzaba el recital en vivo de uno de los músicos repentistas más famosos de la región. Fabio Paes y otros cantores locales tocaron en el anfiteatro de la ciudad ubicado en el bulevar del centro y yo, a esa altura, no podía pedir más festejos justo en el día de mi cumpleaños. El cantautor repentista me recordó las viejas canciones de la trova cubana. Me reencontré con los amigos traductores y con el equipo de organizadoras del evento, Elane y Bruna. Tomamos unas cervezas en las gradas mientras mirábamos el show. El anfiteatro al aire libre estaba rodeado de barcitos. Escuché de la nada la palabra “paredão” y quedé intrigado. La repetían mucho para hablar de un sitio en particular. Me imaginé un accidente geográfico o algo así, pero se trataba de equipos de sonido instalados en autos y en trailers que fueron llegando al centro de la ciudad. Los alto parlantes competían con la música del escenario. “¿Esto es por el cierre de la FLICAN?” le pregunté a Bruna, una de las organizadoras, “No, es por la vaquejada que va a rolar mañana y está apenas comenzando.”

En paralelo a la FLICAN, se había montado una gran vaquejada que duró entre dos y tres días, arrancando bien temprano desde esa misma noche. Según dijeron, la gran fiesta estaba subsidiada por el municipio que como estaba en plena campaña electoral había decidido contratar las siete u ocho bandas de música más famosas de la región. Para ello, se había preparado un escenario enorme y muchas carpas de comida y bebidas a unas pocas cuadras del centro de la ciudad. Los autos, buses, motos, bicis, caballos y carros no paraban de llegar desde muchos otros pueblos de la región. El estacionamiento previsto colmó su capacidad temprano y la música sertaneja se hacía escuchar por todos los alrededores. Por fuera del estacionamiento, los autos paseaban por la ciudad invadiéndolo todo con sus paredones de sonido. Por cada calle pasaban autos con shows de luces, músicas bregas, sertanejos universitarios y algo de sertanejos caipiras. Todo el pueblo bailaba la invasión, en cada esquina había grupos de personas brindando y “mexendo” hasta el piso. Para cuando terminó el show de Fabio Paes, los jóvenes en motos habían tomado la ciudad, pisteaban y tiraban cortes por entre los caballos, carros y autos estacionados.

DIA 5 – “Aqui tudo sai, mas com muito sacrificio”

Al día siguiente, desperté ensordecido por un gran baruyo que entraba desde la ventana del cuarto del Canudos Palace Hotel. Tenía resaca por los brindis cumpleañeros de la noche anterior y aún se sentían vibrar los altoparlantes de los grandes paredones de autos. La vaquejada continuaba con una gran caravana que estaba recorriendo la ciudad para luego terminar en el palco especial. Cohetes como balas reventaban en el cielo y el ruido de las herraduras de los caballos golpeteando en el cemento llegaba también hasta mi habitación. Me vestí rápido para ver qué ocurría en la calle. Al asomarme por la puerta de la recepción, pasaron andando decenas de caballos y jinetes vestidos con cueros de fiesta. Los bares seguían llenos de la noche anterior, no entendí nunca cuándo fue que todos durmieron y descansaron. Parecía, una vez más, que la fiesta estaba apenas comenzando. Luego de darme un baño de agua fría y, mientras me terminaba un café en la recepción, Luiz Paulo pasó de imprevisto a buscarme en una camioneta oficial de la UNEB. Habían llegado el fotógrafo Evandro Teixeira y sus acompañantes, los últimos invitados especiales, con quienes íbamos a recorrer juntos el Parque Estadual, escenario del teatro de operaciones bélico.

Por la mañana, antes de que el sol calentara todo, el paisaje sertanejo se veía realmente hermoso. En el camino de ida, me llamó la atención que el sertão en Canudos, no era tan seco como se contaba en las historias que yo había leído. Como si algo de lo que narraban los relatos sobre la guerra nunca terminara de coincidir con el misterio del territorio, con el dinamismo y con la agitación de su gente. Siempre había algo que se escapaba a las descripciones que yo tanto había leído antes de llegar. Luiz Paulo, nos comentó que era por causa de las grandes lluvias de los días previos a la FLICAN que la caatinga estaba verde y fresca. A decir verdad, parecía un paisaje muy acogedor: buena parte de la vegetación medía más de un metro, había muchos chañares con vainas y frutos. Vimos muchos pastizales en flor, arbustos de chauchas leguminosas y espinas, de troncos leñosos con hojas pequeñitas y ramificadas. Ciro, uno de los acompañantes de Evandro, comentó que una de las particularidades de la caatinga es que con apenas unas pocas gotas de lluvia cambia mucho su aspecto: “hasta con riego controlado, en mi región, plantamos frutillas y otras frutas finas”. Luiz Paulo señaló enseguida que uno de los grandes problemas estructurales en el Parque no era la sequía sino más bien todo lo contrario, “lo difícil es mantener los caminos despejados luego de las lluvia, al igual que lo hizo Euclides da Cunha, tuvimos que construir varios puentes sobre las partes del camino que más se inundaban”.

La figura principal de nuestro recorrido era el fotógrafo Evandro Teixeira que venía escoltado por Ciro desde Jeremboabo. Probablemente uno de los mejores fotógrafos del país. “Evandro é o fotógrafo mais doce do Brasil” chistaba Ciro para compararlo con Sebastián Salgado. Con unos 86 años Evandro estaba volviendo como invitado de la FLICAN a reconocer sus propias fotografías, las que se habían transformado en icónicas y famosas en todo el mundo. Evandro se acordaba bien de cada uno de los parientes y de los y las sobrevivientes de la guerra que había fotografiado, en sus casas, en 1997. Mientras recorríamos el Parque en dos autos, fuimos parando en cada una de las instalaciones donde sus fotos estaban expuestas.

Esquivándole a la fiesta de la vaquejada quedaba aún por desarrollarse la última mesa de la FLICAN en la que íbamos a exponer los investigadores internacionales. Se realizaría dentro del Parque Canudos en uno de los lugares más emblemáticos de la guerra. “Alto da favela” se llama la cresta de un morro desde donde, al este de la ciudadela vieja, se planificó la cuarta y última campaña de exterminio. El nombre del lugar es emblemático, también, porque allí crece la planta “favela” que luego de terminada la guerra se transformó en un símbolo del espacio que habitaron los soldados republicanos en su regreso a Rio de Janeiro. Buena parte de la ocupación de las laderas y zonas altas de los morros de la por entonces capital de Brasil se nombró, a principios del siglo veinte, con el nombre de “favelas” aludiendo justamente a la situación precaria con la cual los excombatientes republicanos fueron “premiados” por las elites republicanas gobernantes.

Luiz Paulo y Osmar habían planificado realizar allí el cierre de la FLICAN o más bien como les gustaba decir “improvisamos organizadamente”. Debajo de un quincho de paja que señalaba la ubicación del mirador “Alto da favela” se instaló un generador de luz y desde allí una conexión vía satélite para conectarnos a internet. La noche estaba hermosa y poco a poco fue calmando el calor de la tarde. Éramos cuatro ponentes en presencia y otros dos vía remota. Luiz Paulo y Osmar tomaron la posta, abrieron la mesa y fueron presentando a cada uno de los investigadores. Nos acompañaba un pequeño público que habían llegado en autos particulares hasta allí. Fuimos pasando a la mesa y exponiendo nuestros trabajos. Me tocó entre los últimos y aproveché para comentar mi experiencia de estos días en Canudos. Hablé sobre el valor cultural y educativo de semejante evento. Expuse mis estudios sobre la lectura que la prensa internacional hizo al calor de los acontecimientos de la guerra a finales del siglo XIX. Si bien algo del exterminio sistemático de aquel entonces se replica hoy en las políticas del gobierno federal de Jair Bolsonaro; el valor de los y las canudenses parecería construir siempre “alem” de las adversidades. Con el esfuerzo de cada uno y, sobre todo, la creatividad cultural, la FLICAN se había transformado, para mi, en un espacio increíble de construcción de conocimientos y saberes. iv

Terminamos tarde la mesa, casi sobre la medianoche. Ayudé con Luiz a alumbrar mientras entre todos se desarmaba el quincho, cargamos las sillas de plástico de nuevo en la camioneta y alumbramos con una linterna hasta que apagaron el generador de electricidad. El silencio nos invadió de repente y la caatinga se puso muy oscura en el camino de regreso a la ciudad. La noche despejada y fresca se sentía oscurecer sobre la camioneta que andaba sola entremedio de la vegetación. La belleza verde del día parecía contrastarse con la profundidad de la noche que ahora todo lo cubría. Mirando por la ventana se podía imaginar las formas de las sombras de los jagunços en el espacio nocturno y aquellos ataques fantasmales que habían desarticulado tantas campañas militares. Tal como describían los cronistas, el silencio espeso de la noche daba la sensación de que, en menos de un segundo, cualquier cosa podía acontecer entre la vegetación y sus sombras. Me relajé en el auto al saber que ese misterio seguía latente en las inmediaciones del arraial, y el sueño de la favela que me había invadido cuando llegué por primera vez a este territorio cobró otro significado.


i Para consultar información sobre la FLICAN en Instagram: https://www.instagram.com/flican_canudos/

ii Ese mismo día nos encontramos con la escritora Rita Pinhero que estaba recorriendo el museo: https://www.youtube.com/watch?v=8V9rdoCpsMM

iii Jackson Costa canta Navio Negreiro de Castro Alves: https://www.youtube.com/watch?v=c1olYyhOMlc

iv Publiqué una versión de esta presentación en: https://www.revistas.uneb.br/index.php/pontosdeint/article/view/16153

   


° Profesor en Letras por la FAHCE-UNLP donde trabaja como docente en la cátedra de Literatura Latinoamericana I. Magíster en Literaturas de América Latina (UNSAM), Diplomado del Programa en Cultura Brasileña (UDESA) y Doctoral Researcher del programa internacional MECILA.