Literatura, intelectuales y activismo negro en Brasil. Sobre la reedición de «A descoberta do Frio» (1979) de Oswald de Camargo

Por: Pía Paganelli

En este ensayo, Pía Paganelli reseña A descoberta do Frio (1979) de Oswald de Camargo y subraya la relevancia que cobra su reedición (Companhia das Letras, 2020) para el activismo negro en Brasil. Además, inspecciona el campo cultural afrobrasileño de fines de los años 70, con el colectivo Quilombhoje.


El campo literario afrobrasileño se reconfiguró en los años 1970 en el marco de la resistencia a la dictadura militar en Brasil; pero también gracias a la influencia que las diversas agrupaciones del activismo negro recibieron, por un lado, de la lucha a favor de los derechos civiles de la población negra en los EE.UU; y, por el otro, de los debates que surgieron en África a partir de las guerras de independencia. Conscientes de la pérdida de vitalidad y visibilidad que venía experimentando la literatura negra en el país, desde la obra del poeta Solano Trindade, en los años 1950; se produjo, en la década de 1970, un intento por redefinirla. Dicho proceso estuvo protagonizado, principalmente, por jóvenes afrobrasileños junto con antiguos militantes de los movimientos negros del país, como el Frente Negro Brasileño de los años 1930, el Teatro Experimental del Negro de la década de 1940, y el Movimiento Negro Unificado, que surgió en el contexto de resistencia a la dictadura.

En esta nueva etapa, se comenzó a concebir a la literatura como una expresión de la propia subjetividad racializada y, además, como una herramienta política para disputar sentidos con todos aquellos mitos que habían esculpido la democracia racial, en tanto discurso de nación en Brasil; sustentado, sobre todo, en la monumental obra de Gilberto Freyre, Casa grande e senzala (1933), que desde la década de 1930 sentó las bases de la ideología justificadora de la dominación blanca, así como de la falsa realidad en la cual las relaciones raciales, si no son idílicas, al menos se consideran aceptables en el país. Por lo tanto, si bien se trató de un tipo de literatura orientada a la subjetividad del escritor, fue combativa por haber nacido de la experiencia de racialización de la población negra en Brasil; y, además, se propuso el proyecto político de reescribir la historia oficial, con el objeto de desterrar la imagen distorsionada que del afrobrasileño había transmitido la literatura nacional. Por esto, se trató de una literatura que buscó recuperar a los héroes de la historia afrobrasileña, y reencontrar y revalorizar sus raíces africanas.

En este contexto de discusión intelectual se gestó, en 1980, en el estado de San Pablo y bajo la dirección del escritor afrobrasileño Cuti (seudónimo de Luiz Silva), la fundación del colectivo literario Quilombhoje; que estuvo integrado, en su fase inicial, por Cuti, Oswaldo de Camargo, Abelardo Rodrigues, Paulo Colina y el escritor argentino Mario Jorge Lescano. Este colectivo nació con la finalidad específica de debatir, de forma pública y abierta, los posicionamientos políticos y literarios de los intelectuales negros. Se trató de una agrupación literaria integrante de la amplia movilización cultural y política del Movimiento Negro Unificado, que alentó la unión entre organizaciones afrobrasileñas de todo el país y denunció, durante la dictadura militar, el racismo en todas sus formas.

Miembros del colectivo Quilombhoje (1983)

Los primeros objetivos del grupo Quilombhoje se fueron ampliando con la organización de importantes proyectos culturales, entre los cuales se destacaron recitales poéticos y debates públicos sobre literatura. Las famosas “rodas de poemas”, que realizaba el grupo, eran encuentros de declamación, animados con breves piezas musicales llamadas “pontos”, creadas por el grupo y enmarcadas en ritmos de tradición afrobrasileña (como el jongo, el samba de roda, y el ijexá). En estos encuentros, a pesar de ser abiertos y de alentar la libre participación del público, se homenajeaba siempre a alguna figura del mundo negro, como Pixinguinha, Luis Gama, y Agostinho Neto, entre otros.

Quilombhoje conformó un movimiento reivindicativo con un fuerte componente sociológico y, al mismo tiempo, buscó una creación artística pura y renovadora del lenguaje literario. Ambos aspectos del colectivo se encontraban atravesados por la perspectiva de racialización inscripta en los cuerpos de sus escritores y escritoras, y mediatizados por la constatación de la tendencia, en la literatura brasileña, de enmascarar la realidad del racismo y de subvalorar la presencia africana en el país. 

A lo largo de la década de 1980, durante la restitución democrática, se incorporaron al grupo escritores tan relevantes como Miriam Alves, José Alberto, Márcio Barbosa, Oubi Inaê Kibuko, Esmeralda Ribeiro, Sônia Fátima da Conceição y Jamu Minka, quienes marcaron los nuevos caminos del grupo y, en general, de la literatura negra en el Brasil. Además, como relevo generacional, se encargaron tanto de los nuevos proyectos, como de continuar la labor iniciada por Cuti y Hugo Ferreira, con la famosa antología de literatura negra Cadernos Negros. Dicha antología nació en 1978, en el barrio negro paulista de Bexiga, donde estaba una de las Escuelas de Samba más importantes del estado, la escuela de samba Vai Vai; y en donde también, años antes, se había localizado el mayor quilombo urbano de la región: el famoso Quilombo Saracura. En ese barrio funcionaba el Centro de Cultura y Arte Negra (CECAN), muy activo en la época, del cual nació luego, la Federación de Entidades Afrobrasileñas del Estado de San Pablo (FEABESP), que buscó aglutinar a todas las organizaciones culturales afro. Fue en el CECAN en donde nació el proyecto de crear una antología de poemas y cuentos negros, cuya primera edición salió bajo la edición y coordinación de Cuti, y que continuó publicándose, periódicamente, con apoyo financiero de los mismos escritores y escritoras negras. No se podría entender el activismo del grupo Quilombhoje y el resurgimiento literario del mundo negro en el Brasil contemporáneo sin esta antología que, durante casi 30 años, ha sido, posiblemente, casi el único medio del que han dispuesto los escritores negros para publicar su obra en el país. 

Un año después, en 1979, se publicó una de las novelas pioneras de la propuesta literaria del colectivo Quilombhoje: A descoberta do frio, del escritor Oswaldo De Camargo, que fue reeditada este año por la famosa editorial paulista Companhia das Letras. Es necesario rescatar la importancia de esta reedición, porque responde al pronunciamiento público, realizado por esta editorial, en el año 2020, respecto al reconocimiento de su sesgo racista y la consecuente ausencia de escritores negros publicados por el mercado editorial. Esta reedición forma parte del compromiso público asumido para promover la equidad y ofrecer un catálogo más representativo y diverso, con escritores nuevos y otros ya conocidos por el público, como es el caso de Oswaldo de Camargo.

La importancia de la reedición de esta novela es que, en ella, su autor denuncia las representaciones estereotipadas del sujeto afrodescendiente, entendiendo el estereotipo como agente discursivo de discriminación. No se puede desdeñar que la representación animalizada y caricaturesca del personaje afrobrasileño ha sido una constante a lo largo de la historia, con el objetivo de mostrar un ser inferior y justificar su postergación social. En todas las formas expresivas, tanto en la literatura, como en la música y las artes plásticas, se han manipulado sus rasgos o expresiones corporales hasta la deformación grotesca, o se lo ha presentado en posturas o actitudes que inducían a esta percepción.

Por otro lado, en la novela se configura un nuevo enunciador que es a la vez literario y político; en la medida en que el autor piensa a la literatura como un arma de denuncia y de concientización respecto de la situación de opresión socio-cultural del afrobrasileño, partiendo siempre de un claro enfrentamiento con los mitos raciales y los discursos más reaccionarios del pensamiento social brasileño. De tal manera, la novela pone en tensión ciertas discusiones que se estaban dando al interior del campo intelectual negro de la época, y del grupo Quilombhoje, y que se inician en Brasil con la obra de Cruz e Sousa, a finales del siglo diecinueve, y que tienen como puntos de referencia, en el siglo veinte, a las obras de Lino Guedes y de Solano Trindade.

En A descoberta do frio, Oswaldo de Camargo revierte la poca influencia que la temática negra había tenido en sus primeras obras, escritas entre los años 1950 y 1960, y postula como temas centrales la discriminación racial y el compromiso del intelectual negro, sin desdeñar el rigor de los recursos artísticos. Tal como lo señala el sociólogo Clovis Moura, quien prologó la primera edición de la novela: “La dramaticidad a través de la cual De Camargo trata el tema y manipula a sus personajes le permite terminar su libro en una postura de artista que domina su técnica”.

La novela gira en torno a la problemática del racismo en el escenario de una ciudad sin nombre, en tanto podría ser cualquiera de Brasil, cuyos personajes principales son intelectuales pertenecientes a diversas agrupaciones del activismo negro. El racismo se presenta de forma sutil en la estructura narrativa, su principal articulador es un supuesto “frío” que afecta solamente a aquellos cuerpos racializados. Dicho frío es descreído por la mayor parte de la población, pero según el personaje principal que se encarga de hacerlo visible y denunciarlo, Zé Antunes (también enigmático porque aparece de golpe en la ciudad y se desconoce su origen), se trata de un tipo de epidemia que ha diezmado históricamente a la población negra, y cuyos efectos jamás fueron divulgados ni reconocidos por la comunidad. La acción dramática llega al clímax cuando en plena Plaza Lundaré, frente a la estatua del libertador negro Zumbi dos Palmares (líder quilombola e ícono de la resistencia del movimiento negro en Brasil), se hace visible una víctima, es decir, toma cuerpo el concepto abstracto del frío, en el joven Josué Estevão.

El personaje de Zé Antunes circula por diversos ámbitos buscando una explicación para el fenómeno, y por ello se lo tilda de loco en algunos lugares, y de visionario en otros. El mayor acierto del autor es que la enfermedad del “frío” se mantiene inexplicable a lo largo de toda la novela, y construye la tensión en la trama a través de sutiles detalles que nunca se terminan de resolver. Recurso que, por otro lado, invita al lector a reflexionar sobre una problemática compleja, como la del racismo, que, si bien la nación brasileña se ha encargado históricamente de invisibilizar, se manifiesta concretamente en el deterioro de las condiciones de vida y, también, en la desaparición y exterminio físico de la población negra.

Este personaje describe a la enfermedad del “frío” casi como un “banzo”, es decir, como el estado anímico al que se abandonaban las personas esclavizadas en Brasil frente al despojamiento de su cultura:

“un frío que hace que el infeliz se sienta ridículo, se cubra de franelas, sombreros y pieles; la mandíbula tiembla tanto que se escucha desde lejos, la víctima no logra hablar, de los ojos nacen lágrimas, pero, Padre, es por dentro que se siente la miseria: el infeliz se convierte en un campo de batalla en el que la desgracia celebra su completa victoria. Parece que su pensamiento, lo único que puede hacer en ese momento, es el siguiente: ¡Dios Mio! ¿Si fuese blanco?! […] Soy un microbio, voy a desaparecer. Y desaparece, definitivamente”.

Por lo tanto, el principal síntoma de esta epidemia no afecta al cuerpo, sino al espíritu, al aspecto más íntimo del individuo. No se trata de un fenómeno meteorológico, sino existencial y social, sostiene Clovis Moura en el prólogo. De manera tal que, al afectar al negro, lo hace sentirse avergonzado y con deseos de desaparecer: “Para mí, el negro tiene el alma amputada, no tiene tierra, cayó del cuerpo de África, se dañó”, se afirma en la novela.

Un momento importante que verifica la existencia del “frío” en la historia de la comunidad negra se produce cuando el poeta Batista Jordão (mención aparte merece la intertextualidad religiosa en la novela) encuentra, en antiguos periódicos de la prensa negra, versos del poeta Pedro Antonio García quien, en 1920, ya había denunciado, inútilmente, esta terrible epidemia. En este episodio no solo se pone en evidencia la necesidad de recuperar la historia colectiva para forjar una memoria común, sino que también se problematiza la función del intelectual negro en la denuncia del racismo y en la construcción de un contra-canon literario. Es decir, el escritor negro, al tomar conciencia de su identidad racializada, se desprende de los cánones de la literatura blanca, para buscar un estilo próximo a sus raíces ancestrales:

“Cuando Pedro Antonio García, parnasiano en 1920, rompió con la métrica, la rima y otras normativas, para decir con versos libres e impotentes: ‘Yo vagabundeo toda la noche, vagabundeo, vagabundeo/ por la ciudad, retraído y mudo/ me cayó, inesperado, el frío en el alma’. Cuando escribió eso, testimoniaba solamente el frío. […] Pedro García murió en la miseria. Habló y escribió durante doce años sobre el frío. Y los versos se comportaron mal, y palabras de cuño quimbundo surgieron, batucando sobre el suelo en el cual imperaba, hacía mucho tiempo, el verso alejandrino”.

De Camargo intercala, en la trama principal de la novela, la representación de las disputas dentro del campo intelectual negro en torno al racimo y sus efectos en la literatura. En este campo, el personaje de Batista Jordão se presenta como un intelectual no comprometido, en tanto que no pertenece a ningún grupo literario y es conocido por una famosa obra titulada “Várzea da Mansidão”, en clara alusión a una postura pasiva frente al conflicto racial, es decir, alienado: “Batista Jordão, el poeta negro sin tierra negra, sin territorio afro, sin nada!”. El campo intelectual se encuentra tensionado entre el grupo de escritores que se reúne en el “Bar Malungo” y el grupo de escritores que se reúne en el “Bar Toca das Ocaias”, en donde ya desde el nombre de los bares se representan las divergencias intelectuales y de clase de cada grupo. El líder de la primera agrupación es Laudino da Silva, y nuclea a periodistas y activistas del movimiento negro, cuyas principales preocupaciones giran en torno a la necesidad de pensar una literatura negra. Se expresan a través, principalmente, del diario “Palabra Negra”. Por oposición, los escritores que se reúnen en el “Bar Toca das Ocaias” son jóvenes académicos negros que, a causa de su formación universitaria, integran una elite distanciada de las preocupaciones populares, y cuyas discusiones aún no dan cuenta de una toma de conciencia del problema racial en Brasil, pues reciben una gran influencia del movimiento francés de la Negritud y son lectores ávidos de escritores como Cruz e Sousa y Solano Trinidade (ambos escritores que tuvieron que adaptarse a los patrones de la literatura blanca para evitar la marginalización). De ahí que en la novela se los denuncie como intelectuales “emblanquecidos”.

Por lo tanto, De Camargo plantea que la discusión en torno a la constitución de una literatura negra en Brasil no debe ser pensada en el marco de una elite ilustrada, alejada de los intereses del pueblo, sino como resultado de la militancia, como consecuencia de una toma de conciencia social, cultural y étnica, que permita forjar un frente negro de activistas, artistas e intelectuales para exigir la ciudadanía plena de la población negra en el país. Tal como sostiene Clóvis Moura:

“Esa literatura, especialmente en la rama de la ficción, podrá dar al negro brasileño una visión de su situación en la actual estructura social, dinamizarlo para que se descongele ideológicamente y, al mismo tiempo, cree una óptica social, cultural y étnica capaz de recomponerlo como sujeto y exigir el lugar al que tiene derecho en la sociedad brasileña”.

La metáfora del frío, que recorre la tensión narrativa, es la escenificación literaria del racismo, concretizado en un tipo de enfermedad de difícil identificación. Es recién hacia el final del relato que el frío puede ser testimoniado, aceptado y denunciado por toda la comunidad. A través de este recurso simbólico y la reticencia a brindar explicaciones, el autor logra denunciar el racismo como un fenómeno serio, pero aún no asumido en su totalidad por la población negra y sus intelectuales. En la línea del intelectual comprometido sartreano, De Camargo asume su función de denuncia y compromiso con la situación de opresión del negro en Brasil e interpela principalmente a sus compañeros intelectuales, activistas y escritores en su función de hacer visible tal problemática y refundar la literatura negra.

La dimensión simbólica, en la cual se mantiene la novela, la “salva” de la extendida actitud analítica y divulgadora, profundamente didáctica, que se ha esgrimido para desvalorizar la obra de algunos autores del grupo Quilombhoje. Los grandes aportes de este grupo fueron los de aglutinar, tanto formal como temáticamente, toda una tradición de literatura negra en el Brasil, aunque estuvieran inmersos en un proceso de búsqueda de un lenguaje propio, auténtico, y con el que se sintieran plenamente identificados. Sin embargo, Quilombhoje se ha constituido en una de las voces críticas del mundo afrobrasileño en el proceso de liberación de la alienación que históricamente lo ha definido. En sus obras, estos autores han tratado de encontrar un equilibrio entre la lucha reivindicativa, en defensa de los valores y cultura negros, y la preocupación estética, partiendo de una perspectiva histórica que les permitió elaborar un proyecto de futuro que tuvo, sin dudas, un gran impacto en las nuevas generaciones de escritores afrobrasileños.



A descoberta do Frio

Oswald de Camargo

São Paulo, Brasil

2020

136 páginas